Asalto y Toma de Pisagua |
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El Comandante en Jefe aliado era el General don Juan Buendía, que había llegado a Pisagua el 1 de noviembre de 1879, para inaugurar un Fuerte. El ejército peruano y boliviano en Pisagua, tenían una fuerzas de 1469 soldados, de los cuales 964 eran bolivianos de los batallones Victoria e Independencia y el resto peruanos. El Comandante General y Jefe Político de Pisagua, el 2 de noviembre, era el Teniente Coronel don Isaac Recabarren y del puerto, era el Capitán de Navío don Manuel Becerra. El fuerte del Norte estaba armado con un cañón Parrott de 100 libras, al mando del Capitán de Fragata don Ignacio Suárez. El fuerte del Sur estaba armado con otro cañón Parrott de 100 libras, al mando del Teniente Coronel don Manuel Saavedra. El contingente boliviano pertenecía a la 3º División, que se encontraba al mando del General don Pedro Villamil. Las fuerzas chilenas, en lo naval se organizaban a base del blindado Cochrane y los cruceros Amazonas y Loa, el vapor Abtao, la cañonera Magallanes, la goleta Covadonga y la corbeta O’Higgins, más 16 transportes que llevaban en total 10.520 soldados, además de caballos, mulas, artillería y bagajes. Comandante del Ejército Expedicionario era el General Erasmo Escala Arriagada, quien era acompañado por el delegado del Presidente, como Ministro en Campaña, Rafael Sotomayor Baeza. La flota, compuesta por los buques de guerra y transportes, se presentó frente al puerto de Pisagua a las 6 A.M. del día domingo 2 de noviembre, ya que debido al efecto de las corrientes, al amanecer, se encontraba 14 millas al norte de Pisagua, malográndose así la sorpresa. La planificación chilena fue coordinada por el Jefe de Estado Mayor, Coronel Emilio Sotomayor Baeza, quien además dirigió el desembarco de las tropas. Las fuerzas chilenas fueron organizadas en cuatro agrupaciones de desembarco y una agrupación especial de la siguiente forma (1):
La flotilla de desembarco estaba constituida a base de botes y embarcaciones construidas especialmente para ello, a las órdenes del Capitán de Navío Enrique Simpson Baeza. Las fuerzas aliadas se encontraban organizadas defensivamente en las casas del puerto y en posiciones construidas sobre la base de la línea del ferrocarril. Su fuerza estaba conformada por los Batallones bolivianos “Victoria” N°1 e “Independencia” N°3, Regimiento de Artillería, Columna Naval, Guardia Civil de Arequipa y Gendarmes Nacionales de Pisagua, apoyados por dos fuertes de artillería situados uno en Punta Pisagua, al norte de la bahía (Fuerte Norte) y el otro en el sector sur de la población, en Punta Pichalo (Fuerte Sur), con un cañón Parrott de 100 libras cada uno. El total de la fuerza aliada, entre peruanos y bolivianos, sumaba 1.469 hombres al mando del Coronel peruano Isaac Recabarren Flores. El ataque comenzó a las 06:00, con el bombardeo realizado por los buques de guerra de la escuadra; la Covadonga y Magallanes del Fuerte Norte y el Cochrane y O’Higgins del Fuerte. Terminado el bombardeo a las 07:55, avanzaron los transportes, descolgaron sus botes y trasladaron a tierra a la Primera Agrupación de Desembarco. Los primeros en desembarcar fueron 100 Zapadores a las órdenes del Teniente Coronel Ricardo Santa Cruz Vargas, protegidos por una ametralladora de montaña de la Artillería, montada en un bote. La 2ª Agrupación bajaba a tierra por dos puntos distintos, de esta forma, avanzaron los 100 “Zapadores”, el Batallón “Atacama”, el Regimiento “1º de Línea” y 108 soldados del “2° de Línea” que desembarcaron en Playa Blanca y Playa Guata al sur de ésta, a las 09:30 y 10:30 respectivamente. (2) El primer bote que tocó la playa pertenecía al Loa y lo mandaba el Teniente 2° de marina, don José Amador Barrientos, junto con el saltó a la playa el marinero de la O'Higgins, Cayetano Villarroel. Los quince primeros atacameños que desembarcaron con el Teniente de Marina Barrientos, corrieron hacia el morro rocalloso junto a Playa Blanca e izaron en su cima la bandera del bote que millares de balas enemigas saludaban sin abatir. Las dos Compañías del “Atacama” quedaron amarradas al terreno en la cabeza de playa, por la acción del fuego enemigo y la Compañía de “Zapadores” avanzó hacia el poblado desalojando a los soldados bolivianos que se habían atrincherado en la casa de la Compañía de Salitre. Todo el asalto a las posiciones de la pendiente fue apoyado por los buques de la Armada, que tuvieron que hacer un cambio de posición para apoyar con sus fuegos las evoluciones de las tropas de ejército. Después de cuatro horas y media de rudo combate, las tropas chilenas dominaban el Alto Hospicio de Pisagua. A las 14:30, el Subteniente Rafael Torreblanca Doralea, izó una bandera chilena en un poste de telégrafo que se encontraba en el campamento boliviano de Alto Hospicio, marcando la conquista del puerto de Piragua. (3) A partir de las 12:00 hrs. desembarcaron en completo orden el resto de las fuerzas, la artillería, el ganado y los bagajes, ayudados por los medios que previamente se habían construido para estos fines, como balsas, pontones, puentes y pescantes. El desembarco en la Caleta de Junín, ejecutado por la 1ª División al mando del Coronel Urriola, fue más lento de lo previsto y sin resistencia. Se inició a las 09:00 y alcanzó la cumbre cerca de las 18:00. Posteriormente, durante su desplazamiento hacia el norte, se perdieron en la pampa debido a la camanchaca, por lo que llegaron a Alto Hospicio de Piragua, en la mañana del 3 de noviembre. La captura del puerto de Pisagua permitió a Chile cumplir su objetivo de introducir una cuña entre las fuerzas aliadas del Ejército del Sur, ubicadas entre Tacna e Iquique, obtener una importante base para continuar sus operaciones posteriores y, las más significativas, la captura del agua y el ferrocarril que le darían una notable ventaja sobre sus adversarios. El General peruano Juan Domingo Buendía y Noriega, que por casualidad se hallaba en Pisagua inaugurando un nuevo fuerte que no se alcanzó a utilizar, se retiró en dirección a Agua Santa con el resto de las tropas que se salvaron de la acción de Pisagua y ordenó que se concentraran todas las tropas aliadas que se encontraban en la provincia, en Pozo Almonte, dejando en Iquique a la V División peruana, al mando del Coronel José Miguel de los Ríos. A mediodía la victoria estaba asegurada en todas partes, la línea de resistencia había sido rota. El Ejército de Chile era el vencedor. Las bajas según los partes oficiales en el Ejército ascendieron a 210 y en la Marina a 27; siendo de ellas, 66 el total de los muertos y 169 el de los heridos; lo que suma un total general de 237. Las bajas aliadas son difíciles de determinar. Una gran cantidad de cadáveres fueron sepultados al día siguiente, estimándose que los muertos ascendieron a 348 bolivianos y 40 peruanos. En recuerdo a esta heroica gesta, donde se destacó el magnífico comportamiento de la Brigada Zapadores, se instituyó el Día del Arma de Ingenieros.
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