SUBRAYADO 700

El Ejército tiene el orgullo de ser una de las instituciones que celebra junto a Chile, 204 años de vida republicana, durante los cuales, siempre ha estado presente en todos los grandes hitos de su trayectoria, política, económica y social, y con la certeza que en el presente y en el futuro, las nuevas generaciones de hombres y mujeres que componen sus filas, seguirán comprometidas con la seguridad, defensa, la paz y el bienestar de la Patria.

Esta trayectoria, se ha visto reflejada en el permanente aporte de la institución al desarrollo del país a lo largo de la historia, contribuyendo de esta forma, al genuino espíritu de nacionalidad.

Cabe recordar que, este compromiso histórico es aún más antiguo, pues se origina en las primeras manifestaciones de conformación de un Ejército nacional, en 1603, cuando nace por una Real Cédula, el primer Ejército del Reino de Chile.

 

 

 

 

 

 

 

Período Hispano-Indígena

Unos ochenta años antes de la llegada de los españoles, el Inca Túpac Yupanqui inició la ampliación de su imperio hacia Chile. La evidencia señala que, militarmente, los españoles llegaron hasta la cuenca de Rancagua Cerro

Grande de la Compañía o del Inga, aunque su influencia se hizo sentir hasta el río Maule. La permanencia de los incas, sin embargo, fue corta y no tan intensa, debido a que el incario –a la llegada del conquistador Francisco Pizarro al Perú– se encontraba ya debilitado; había una guerra civil entre Huáscar y Atahualpa por el trono.

Los primeros soldados españoles en llegar a nuestro territorio venían desde El Cuzco junto a Diego de Almagro. La travesía fue muy penosa debido a la falta de alimentos y al frío, una parte del trayecto, la más deplorable, se efectuó cruzando la cordillera de los Andes.

Llegaron al valle de Copiapó en los primeros días de abril del año 1536. Durante algún tiempo la expedición permaneció en el valle y, una vez ya reposada, siguió hacia el sur hasta el valle del río Aconcagua (Quillota) –donde llegó a mediados de 1536–, gobernado por “el señor de Chile”, el curaca cuzqueño Quilicanta, quien se mostró cooperador con los españoles. Almagro no se detuvo en Quillota, dispuso varias expediciones hacia el sur del país.

Una de las más importantes fue la comandada por Gómez de Alvarado. Junto a aproximadamente 60 jinetes dispuso su horizonte hasta el estrecho de Magallanes, viaje que fue sin sobre saltos hasta llegar a la confluencia del Ñuble con el Itata, donde fue interceptado por un grupo bien organizado de indígenas guerreros. Gómez de Alvarado se intimidó ante la enérgica resistencia de los naturales, la falta de recursos y la crudeza del clima.

Por su parte, Diego de Almagro llegó hasta la costa y recorrió los valles de los ríos Maipo (Melipilla) y del Mapocho, pasando por el lugar donde Pedro de Valdivia, en 1541, fundara Santiago. Incluso, hizo un intento de cruzar la cordillera hacia Argentina, pero la abundante nieve se lo impidió. A fines de agosto de 1536 y, dada la pobreza del país que no prometía las riquezas esperadas, Almagro abandona Quillota para iniciar la larga travesía de regreso al Perú, llegando al Cuzco muy andrajosos, en sus ropajes y cabalgaduras, por las penurias sufridas.

A pesar de ello unos años después, un capitán español llamado Pedro de Valdivia decidió emprender nuevamente la conquista de Chile. Esta no era una empresa fácil, pero con tenacidad, valentía y ambición lograron atravesar el desierto y franquear una serie de dificultades. Pedro de Valdivia escoge el lugar más favorable para instalar la primera ciudad, el 12 de Febrero de 1541 se funda Santiago de la Nueva Extremadura.

Los españoles continuaron fundando ciudades, pero se encontraron con unos indígenas, a los cuales llamaron araucanos que opusieron resistencia a la dominación. Se da comienzo a la Guerra de Arauco, la cual no fue sólo un fenómeno bélico, sino que también se desarrollan formas pacíficas de relación, se dio el comercio, el mestizaje, la actividad misionera y el contacto cultural entre los españoles y los araucanos.

Los mapuche logran vencer a los españoles porque son capaces de cambiar dos elementos constitutivos de su forma de pelear; el primero es la adopción del caballo con sus armas y los aperos, especialmente rediseñados por los mapuches para la guerra y el segundo fue el trabajo de observación y evaluación de las capacidades y deficiencias de la maquinaria de la guerra española.

 

Lautaro

Genial creador de todo un arte militar mapuche, organizó y condujo a su Ejército nativo. Estableció algunas modalidades, como el sistema de guerrillas y las sorpresas tácticas, las fortificaciones de campaña, la invención de nuevas armas, aprovechamiento del terreno. El espíritu indomable de Lautaro estuvo reflejado en las acciones de diversos toquis (jefes militares indígenas), como Caupolicán, Galvarino, Pelantaru y otros fieles exponentes del arte militar mapuche.