En el período de la Independencia entre el 26 y 27 de julio de 1813, los patriotas terminaron de ocupar su posición frente a Chillán. Las fuerzas realistas estaban prestas a la defensa. No hubo asedio en ningún momento, el Ejército patriota ocupó posiciones al oeste de la ciudad y dejó tres de sus costados al descubierto, circunstancia que sabrían aprovechar ventajosamente los defensores. Con el activo concurso de los padres franciscanos y de los hacendados de la región, el coronel Sánchez logró reunir unos 1.800 hombres, regularmente equipados y armados y pudo contar, además, con “la ventaja de estar acuartelados en edificios cómodos, asistidos los soldado con abundantes víveres, hospitales y servicios del vecindario; la ciudad estaba defendida por el fuerte de San Bartolomé, ubicado algo avanzado al encuentro del enemigo, y fortificado el cuadro con fosos y parapetos, capaces de resistir a cuadruplicadas fuerzas de la calidad de las enemigas”. (Fray M. Martínez).
Terminado los preparativos para la defensa, el jefe de la plaza había dispuesto una serie de incursiones por las comarcas vecinas. La más importante de ellas, dirigida por Elorreaga, significó la captura del coronel Luis de la Cruz y de las fuerzas que habían quedado en San Carlos con misión de vigilancia sobre Chillán.
Carrera había procedido también a reorganizar sus efectivos, con las armas, municiones, bastimentos y dinero arrebatado a los españoles en Concepción y Talcahuano. A su regreso encontró un Ejército bien organizado, bien mandado, abastecido y con una moral a toda prueba.
El ataque se inicio en la tarde del 29 de julio, con la acción de la artillería patriota. Al día siguiente se continuó con el duelo de los cañones por ambas partes y en la noche se hizo avanzar a O’Higgins y a Benavente, con 300 y 80 hombres, respectivamente, con la misión de incendiar la población. Cumplida ella en parte, fue interrumpida por la acción de la fusilería del enemigo, al amanecer.
Muy pronto se comenzaron a palpar los inconvenientes de la demora en iniciar el ataque a la ciudad. Los fríos intensos y las lluvias torrenciales del invierno llegaron a hacer insoportable la vida de los patriotas a campo raso y con el suelo convertido en lagunas, lodazales. Si a ello se agrega la escasez de víveres y forrajes, la situación no podría ser más crítica.
En resumen, el sitio de Chillán fue una empresa militar infructuosa porque no dio resultados y el ejército se vio afectado y diezmado por los rigores del invierno y las epidemias causadas por las lluvias.
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