Comandantes en Jefe

Justo Arteaga C.

Justo Arteaga C.

1879


GENERAL DE DIVISIÓN JUSTO ARTEAGA CUEVAS
Comandante en Jefe en Campaña.
Del 8 de Abril de 1879 – 18 de Julio de 1879.

Nació Justo Arteaga Cuevas en 1805 y falleció el mismo día en que setenta y siete chilenos, en una aldea de la sierra peruana, rendían sus vidas por respeto a lo que ella simboliza.

Así, la existencia de este insigne soldado se confunde con la historia de Chile en el pasado siglo. A los nueve años comenzó su carrera militar como cadete. En 1819 era Subteniente del Batallón Guardia de Honor, creado poco después del triunfo de Maipo y cinco años más tarde, con el grado de Capitán, se embarcó a las órdenes de Freire en el primer intento para desalojar a los españoles que aún hacían flamear su bandera en Chiloé (1824).

En enero de 1826 se llevó a efecto la segunda campaña contra Chiloé, que culminó con la toma de la isla, tras una heroica resistencia de las fuerzas de Quintanilla. El Capitán Arteaga mereció, a partir de entonces, la medalla otorgada al "Ejército Libertador de Chiloé"

La "guerra a muerte", contra Vicente Benavides y los Pincheira, contó entre sus soldados al Capitán Arteaga y la Revolución de 1829-1830, enterrada en Lircay, le vio combatir entre las fuerzas gobiernistas. Se distinguió por su preparación artillera, obtenida a través de los cursos dictados por el Coronel Santiago Ballarna. Después de la Batalla de Lircay fue ascendido a Teniente Coronel. A los 25 años de edad, Justo Arteaga era Comandante de artillería en la Frontera.

En 1838 se le encomendó organizar el Batallón Chillan, en la ciudad del mismo nombre, para reforzar al Ejército Restaurador del Perú. Regresó a Concepción por poco tiempo, pues fue nombrado Comandante General de la Artillería en la capital.

El 20 de abril de 1851, el Regimiento Valdivia, encabezado por el Coronel Urriola, se amotinó en la capital. Era el preludio de la revolución liberal que se estaba gestando en Santiago y Concepción, ciudad que había levantado la candidatura a la presidencia del General José María de la Cruz, en oposición a la de don Manuel Montt. El Coronel Arteaga apoyó el alzamiento a través del ataque del cuartel de Artillería. Sofocado el motín pocas horas más tarde y a fin de no caer en manos del bando vencedor, se dirigió a Cobija.

Las noticias acerca de un inminente levantamiento le decidieron a regresar a su Patria. Arribó a La Serena en septiembre. La Junta de Guerra le dio grado de General y le asignó el cargo de Jefe del Ejército de Vanguardia. En Petorca, sus fuerzas fueron derrotadas por las tropas del Gobierno. Regresó a La Serena, donde debió soportar el fuego de artillería de las fuerzas del Coronel Vidaurre, que habían puesto sitio a la ciudad. El día antes de la Navidad de 1851, un parlamentario le llevó documentos que demostraban la inutilidad de su resistencia. El General De la Cruz había sido derrotado en Loncomilla y se había firmado el Tratado de Purapel. Tras sesenta días de sostenerse en la ciudad, Arteaga la entregó al adversario y se embarcó por segunda vez al destierro.

Fue Arequipa ahora la que recibió al exiliado dado de baja en el Ejército. Se dedicó a actividades comerciales hasta su regreso a Chile, favorecido por las leyes de amnistía, pero sólo fue reincorporado, como Coronel, en 1862. Tres años más tarde se le nombró Comandante General de Ingenieros. En marzo de 1866, al mando de una División, se encargó de la defensa de Valparaíso, bombardeado por la Escuadra española. Su comportamiento le valió el ascenso a General de Brigada. En 1874 alcanzó la cúspide del escalafón militar, al obtener el grado de General de División.

Arteaga era de baja estatura; cuidadoso de su persona; un excelente hombre de hogar y profesaba a los suyos un gran cariño. Tenía suficiente preparación para mandar el Ejército. Era inteligente e instruido.

Su experiencia se basaba en las campañas de la Araucanía que por mucho que pusieran a prueba el valer y conocimientos militares, distaban bastante de haber dado al Ejército la preparación necesaria para una guerra de masas, con grandes desplazamientos de hombres, equipos y avituallamientos. Menos, entonces, podían estarlo los civiles.

Los políticos no eran indiferentes a la posibilidad que podía presentarse a un militar, prestigiado en la guerra, para suceder a don Aníbal Pinto en la Presidencia.

Fue así que, desde el primer momento, el Gobierno hizo pesar su influencia sobre el General en Jefe, al imponerle las personas de José Francisco Vergara y de José Alfonso como Secretario y Auditor de Guerra, respectivamente. El Presidente tenía facultades para hacerlo, pero no tenía razones para no aceptar las sugerencias del General Arteaga sobre estos nombramientos, toda vez que lo natural era que ambos cargos fueran de su confianza.

El General Arteaga, soldado digno, responsable y de buen criterio, no estaba de acuerdo -naturalmente- con doctrina semejante, que atentaba contra sus atribuciones de General en Jefe del Ejército y prefirió presentar su renuncia el 18 de julio de 1879. Se retiró a la vida privada y falleció el 9 de julio de 1882.

ORIENTACION BIBLIOGRAFICA

 GONZALO BULNES "La Guerra del Pacífico". 2ª ed. Santiago. Editorial del Pacífico, 1955-1956. Tomo l.

 LUIS DE LA CUADRA "Álbum del Ejército Chileno". Valparaíso, Imprenta de El Mercurio, 1877.

 VIRGILIO FIGUEROA "Diccionario Histórico, Biográfico y Bibliográfico de Chile 1800-1928". Santiago. Establecimientos Gráficos Balcells y Cía. 1928. 5 Tomos.

 FLORENCIO INFANTE. Revista Santa Bárbara. Año XII. Nº 12. Linares, 1973.

 RAFAEL POBLETE M. "Monografías de los Generales que actuaron como Comandantes Superiores del Ejército y como Jefes de Estado Mayor en la campaña de 1879-1883". Santiago, EMGE. Memorial del Ejército de Chile, Biblioteca del Oficial, Vol. LXI. Editora Gabriela Mistral, 2ª ed., 1979.