Alrededor de 1.400 alumnos de primer y segundo año de la Escuela de Suboficiales “Sargento 2º Daniel Rebolledo Sepúlveda” se desplegaron en los centros de instrucción de Pichicuy y Pullally, en la Región de Valparaíso, para enfrentar una de las etapas más exigentes de su proceso académico: los Cursos de Combate II y IV.
Durante dos semanas intensas, los integrantes del Batallón de Armas y el Batallón de los Servicios ejecutan ejercicios in situ que exigen preparación física, fortaleza mental y excelentes capacidades tácticas. En estos escenarios cercanos al mar, se busca replicar condiciones reales de combate, donde la toma de decisiones, la coordinación y el liderazgo se convierten en elementos esenciales del desempeño militar.
La progresión del aprendizaje es evidente. Mientras los Cursos I y III, realizados a comienzos de año, se enfocaron en la adquisición de habilidades básicas, el desarrollo del combatiente individual y la formación de instructores auxiliares, esta segunda etapa eleva el nivel de dificultad. Todos los alumnos deben aplicar lo adquirido, en entornos más difíciles, asumiendo funciones de mayor responsabilidad, listos para continuar sirviendo en un Ejército, que posee, una estructura, una organización, un equipamiento, y un despliegue territorial, acorde con las necesidades de defensa y seguridad del país.
La Comandante del Batallón de los Servicios, Mayor Fernanda Jara V., ha seguido de cerca el avance de los alumnos. “Ha sido impresionante ver cómo han desarrollado destrezas que les permiten sobresalir. Esto refleja su compromiso constante y la evolución que han tenido desde marzo a la fecha”, manifiesta con certeza.
En estos cursos, las diferencias entre los niveles de preparación se hacen visibles. Los soldados dragoneantes cumplen funciones tácticas como fusileros durante los ejercicios STX (Situational Training Exercise), mientras que los cabos dragoneantes lideran esas unidades, adoptando resoluciones operativas en tiempo real, cumpliendo con una óptima formación militar, que permite alcanzar las competencias del perfil de egreso como Comandante de Escuadra.
Además, se someten a una prueba exigente con múltiples desafíos, aplicando los valores centrales de la vida militar: coraje, rigor y compromiso.
A lo largo de más de ocho canchas, los participantes evalúan y certifican sus capacidades, ya sea en combate urbano, lanzamiento de granadas, primeros auxilios y respuesta frente a amenazas NBQ (Nuclear, Biológica y Química), entre otras áreas. Cada ejercicio exige respuestas inmediatas, precisión técnica y dominio del entorno.
El Soldado Dragoneante Gabriel Concha V., del Batallón de Armas, valora especialmente el entrenamiento NBQ. “Hemos aprendido a utilizar correctamente la máscara de protección. Todo ha sido muy claro y práctico. Esta instrucción me permitirá estar preparado para cualquier situación cuando salga de la escuela”, afirma, destacando la importancia de estos conocimientos en entornos adversos.
Una instancia de gran intensidad es el módulo de lanzamiento de granadas, que requiere concentración, control emocional y destreza. La instructora auxiliar en Pullally, Sargento 2º Marcela Pereira H., explica que se busca fortalecer la confianza del combatiente. “El objetivo es acompañar al alumno paso a paso, reforzar su seguridad y asegurar el manejo correcto de un elemento detonante”, señala.
La perseverancia y vocación son el motor del aprendizaje
Para la Cabo Dragoneante Isadora Cofré M., del Batallón de Armas, superar cada desafío depende de la actitud personal. “Todo se basa en la perseverancia y la constancia para avanzar y fortalecer nuestras capacidades como militares”, sostiene.
En paralelo, los entrenamientos en el polígono permiten afinar la puntería y el uso adecuado de los armamentos. El Soldado Dragoneante Lucas Iriarte G., también del Batallón de Armas, ha experimentado esta etapa como una oportunidad para reafirmar su vocación. “Estamos aplicando lo que se nos había enseñado: posiciones de disparo, manejo de distintos tipos de armamento. Quiero seguir perfeccionándome, ser un buen suboficial. Hice el Servicio Militar en el Regimiento de Policía Militar N.º 1 “Santiago” y ahora quiero continuar mi carrera en el arma de Infantería”, comenta con decisión.
El proceso también contempla la preparación médica en contextos operativos. En la cancha de primeros auxilios la enfermera militar del Batallón de los Servicios, Cabo 2° Gester Silva C., dirige las prácticas destinadas a la atención de heridos en combate. “Se les enseña cómo colocar correctamente el torniquete y aplicar el vendaje israelí para detener hemorragias en extremidades”, detalla.
Además, los alumnos se enfrentan a situaciones que recrean lesiones complejas y ejecutan maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP), que requieren claridad para actuar con eficacia en emergencias.
Otra dimensión importante es la que se entrena en la cancha de combate especial. El instructor del Batallón de los Servicios, Capitán Richard Fuentes F. indica que esta etapa prepara a los jóvenes para actuar con firmeza en situaciones de alta tensión. “La idea es formar combatientes capaces de accionar con agresividad controlada y responder con decisión, ya sea en operaciones de guerra o en misiones distintas a ella”, señala.
De este modo, cada jornada en terreno refuerza valores como la disciplina, la responsabilidad y la adaptabilidad. En ese sentido, los Cursos de Combate II y IV no son solo una etapa más dentro del programa de estudios: representan el punto donde se templa el carácter y se valida el compromiso de quienes están prontos a asumir el rol de suboficial en el Ejército.